Cada estrella rutilante se conjuga y se confabula en la noche. Los ojos abiertos y expectantes nos transforman como niños dentro de la Naturaleza grande y maravillosa, formando parte del TODO universal y cósmico, emergiendo de la oscuridad y el vacío terrible de los abismos espaciales, con una luz de las estrellas, viva, trémula y titilante a la vez, una invitación astral a un ascenso vibracional que todos anhelamos, pero que sin embargo, hemos de generar, hemos de laborar, nos tenemos que ganar, venciendo lo más sombrío de nosotros mismos. Un ascenso que por momentos se nos deviene catadura sublime y huidiza, para que conozcamos lo que es, y lo que será si somos capaces de merecerlo.
Las sombras que nos rodean, las tinieblas de la noche que se destacan por debajo de la bóveda estrellada nos dan la dimensión de nuestra labor. La energía da vueltas y más vueltas por el interior del Círculo. Todo vibra de una manera suprema. Sabemos lo que sentimos y encontramos lo que se nos da. Las manos cogidas y cerradas, unas con otras, los pulgares haciendo cruz. Y la vibración sigue produciéndose, por dentro y por fuera. Los respectivos Seres Internos, son uno sólo, en ese instante único que se alarga en el Cosmos
"ELLOS" están también: ya nos han confirmado con creces "que asisten a nuestos esfuerzos, a nuestros anhelos de crecer en Consciencia". Sabemos que todo esfuerzo por crecer requiere buenas dosis de "voluntad consciente", que no es sencillo, que se precisa una firme tenacidad: la paciencia y la constancia de los verdaderos compromisos. Sella nuevamente la noche, Su presencia, que además de estar energéticamente inundándonos plenamente, sitúan, como la vez anterior, una Luz, sobre la vertical misma de nuestra Rueda, una vez que la visualizamos emocionados, se va retirando muy, muy lentamente en dirección a la Sagrada Montaña de MONTSERRAT: ESTA ES NUESTRA FUERZA Y LO QUE REAFIRMA NUESTRA DECISIÓN Y COMPROMISO INDIVIDUAL Y COLECTIVO.















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de Luz" y a continuación otra "Invocación" dirigida a los "Superiores de Luz". Instantes después hubo la intuición de hacer fotografias diversas en todo el entorno inmediato, unas cuantas las hice personalmente, otras las hizo Gabriel. Él fue precisamente el artífice del "regalo" que nos hicieron Ellos. Se sintió inclinado a enfocar la cámara hacia un llano, que utilizamos todo el círculo cuando nos reunimos, en la parte trasera del Refugio. Disparó la foto y en la pantalla apareció nada más y nada menos que un luminoso CORAZÓN ALADO. Gabriel sintió escalofrios que me transmitió a mi, pues comprendimos la formidable respuesta que se nos había dado. Precisamente el CORAZÓN ALADO es símbolo de la superación personal, espiritual, y también un distintivo de la AMISTAD. En todo el entorno pudimos percibir gran cantidad de "energía" y tuvimos el convencimiento pleno de que ELLOS, estuvieron allí mismo, con nosotros, largo rato, con todos estos estímulos y sensaciones.
